El concepto de Living Labs fue acuñado por William Mitchell, profesor del Media Lab, Escuela de Arquitectura y Planeación Urbana del MIT. En esencia un Living Lab representa una metodología de investigación centrada en el usuario para desarrollar soluciones innovadoras basadas en TIC dentro de contextos de la vida real que continuamente están evolucionando. Se trata por tanto de otorgar a los usuarios más protagonismo en el proceso de I+D+i.
Durante varios años la atención se había enfocado en explorar las posibilidades que las TIC proporcionan, pero en años recientes el debate se ha centrado en la distribución masificada de productos y servicios basados en este tipo de tecnologías.
Consecuentemente, se abre un amplio beneficio de oportunidades. Esto supone un gran reto, sobre todo si consideramos que la masificación no se basa solamente en distribuir productos estandarizados para todos por igual, sino en proporcionar servicios y productos a medida y que puedan ser personalizables.
Ofrecer productos y servicios a medida y personalizables requiere tener la habilidad de crear valores en las personas a través de las tecnologías. Las tecnologías no representan en sí mismo el valor. Por lo tanto ser capaces de innovar es el aspecto clave en toda esta historia. Para innovar, requerimos de implicar a las personas en los procesos creativos. Las personas innovan, no lo sistemas. Los living labs representan en cierta forma esta última idea.
Por último, algunos de las características que los living labs han de cubrir para operar de manera adecuada son:
- tener acceso a la tecnología de punta no sólo de un tipo sino a menudo de diversas.
- implicar a varias organizaciones que utilicen tecnologías o sean candidatas a hacerlo porque interesa crear aplicaciones innovadoras a partir de lo que existe y generar nuevas tecnologías.
- incluir al usuario/consumidor/ciudadano en un plan de trabajo de cooperación para impulsar la creatividad de este tipo de sistema de innovación.